Fiestas

En referencia al calendario festivo toledano, no cabe en esta página reseñar una por una todas las fiestas con más o menos arraigo popular. Quédese este asunto para las guías turísticas especializadas. Sí  resaltaremos importantes eventos que brillan con luz propia. La Semana Santa, la romería del Valle, la fiesta del Corpus Christi y la festividad  de la Virgen del Sagrario, destacando por su esplendor y pública participación, la festividad del Corpus.

Es poco habitual que un pueblo se solidarice para su fiesta como lo hace Toledo, cualquier ciudadano que deambule por sus históricas calles no quedara indiferente todo el recorrido procesional se engalana con todo tipo de ornamentos que embellecen las calles por donde pasa el cortejo procesional como mantones de manila, tapices, guirnaldas de flores, tomillo y romero esparcidos por el pavimento (prestando su aromático homenaje al acontecimiento) y  los toldos, que proceden de los antiguos gremios de tejedores y sederos, crean en este acontecimiento un paisaje relevante y efímero.

En la víspera de la procesión, es tradición en Toledo el desfile de gigantes y cabezudos que acompañan a “la Tarasca” por sus emblemáticas y decoradas calles. Este monstruo toledano tiene el cuerpo de galápago, alas de vampiro y la cabeza de serpiente, y cada vez que abre sus fauces humeantes proyecta agua a los niños. Sobre su cuerpo va “la tarasquilla” que representa a Ana Bolena en forma de muñeca, por ser esta mujer impulsora del cisma anglicano entre Enrique VIII y los católicos. La recuperación de este animal mitológico, cargado de simbolismo, se hizo posible a principios de los años 80 gracias a la sensibilidad y el trabajo de algunas personas.

Entre humo de incienso y nubes de flores sale en procesión la Custodia, que recorre las calles en su carroza del siglo XVIII. Cuenta con un mecanismo que la mantiene vertical en cualquiera de los distintos desniveles que encuentra a su paso. Fue encargada en 1515, por el cardenal Cisneros al orfebre Enrique de Arce y se fabricó con el primer oro americano (18 k. de oro y 183 k. de plata).  Es el símbolo más valioso de la diócesis toledana.

No podemos dejar de mencionar la Semana Santa, por la simbiosis que resulta del arte sacro y que suscita un penitencial fervor en un entorno urbano como el de Toledo. La ciudad se encuentra inmersa en un apasionante escenario formado por sus calles de aires medievales que acoge a esos silenciosos cortejos procesionales que avanzan lentamente y en los que una buena muestra de la imaginería española es arropada por encapuchados penitentes en su recorrido por lóbregas calles y tortuosos callejones y cobertizos que, a la luz de las velas, hacen emerger tenebrosas sombras que parecen guardar obediencia al sobrecogedor redoble de tambores que, de tanto en tanto, rompen el espeso silencio. Fue declarada “Fiesta de Interés Turístico Nacional y Regional”desde el 16 de junio de 1992.

También cabe destacar la festividad de la Virgen del Sagrario. Esta tradición religiosa tiene su origen en el siglo XVII, cuando finalizadas las obras de la Capilla de la Virgen del Sagrario se realizaron ocho días de fiestas en acción de gracias (no es casual que en el Registro Civil local el nombre más común para las mujeres sea el de Sagrario). Es un acontecimiento tradicional para los toledanos que, movidos por su ferviente devoción a la Virgen, acuden bien temprano a beber agua fresca servida en blancos botijos instalados en el interior del claustro catedralicio y asisten a la santa misa ofrecida en su capilla por el Capellán Mayor, o en su defecto, hacen la visita obligada  a la Santa Patrona.

Citaremos, como no,  la multitudinaria romería de la Virgen del Valle. Su cita en al calendario es el día primero de mayo desde el año 1631, anteriormente era en agosto. Es tradición acudir a la ermita a pie desde la ciudad. Antiguamente se podía cruzar de un lado a otro el río en una barca, conocida como la barca de pasaje, y subir a pié una considerable pendiente hasta llegar al santuario. Una vez en él, se visita a la Virgen. Pendiendo del techo se encuentra una cuerda, tirando de ella con energías empieza a sonar la campana (dice la gente del lugar, que las mozas en edad casadera que tocan la campana del santuario encuentran novio ese mismo año).

Es tradición también subir a la “Piedra del Rey Moro”, donde cuenta la leyenda toledana que en las noches de luna clara, se vislumbra una sombra flotando sobre ella y sus alrededores. Es el espíritu del príncipe Abul-Walid, que sale de su tumba para contemplar las siluetas de las viviendas, jardines y miradores donde cada noche paseaba con su amada.

Los romeros se acomodan en grupos más o menos numerosos, para dar buena cuenta de la merienda campestre en alegre y juvenil algarabía, entre los riscos y peñascos del lugar. La romería finaliza con la procesión de la Virgen por sus entornos acompañada de su ferviente cofradía y demás devotos, teniendo siempre ante sus ojos la espléndida panorámica de la ciudad que tantas veces ha sido plasmada desde este mismo  lugar, por afamados artistas.

Jesús Bielsa Cabrera

Cabeza de la antigua Tarasca

La Tarasca

La Tarasca

Cabezudos

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